Para recibir unción

Pablo Sparta

Para recibir unción

Los primeros reportes de lo que acontecía en la calle Azuza al comienzo del siglo XX fueron sensacionales. [...] El siguiente era un típico reporte [...]: «Los demonios son expulsados, los enfermos son sanados, muchos son gloriosamente salvados, restaurados y bautizados con el Espíritu Santo y con poder. Se están formando héroes, pues los débiles son hechos fuertes en el Señor. El corazón de los hombres está siendo escudriñado como con un candil encendido. Es un tremendo tiempo de escrutinio, no solamente de las acciones sino también de las motivaciones internas y secretas. Nada puede escapar al penetrante ojo de Dios. Se exalta a Jesús, se magnifica Su sangre y se honra una vez más al Espíritu Santo. Hay mucha manifestación del poder que hace que la gente se caiga al suelo. Hombres fuertes permanecen durante horas bajo el maravilloso poder de Dios, luego de haber caído al piso como el pasto cortado."

Este era el comienzo de unos de los avivamientos mas difundidos de los últimos tiempos. Al leer las cosas que ocurrían en este lugar casi nos hace sentir envidia (¿¡santa!?). Es que dentro del corazón de cada creyente, en mayor o menor medida, hay un anhelo: ¡Quiero un avivamiento!

Esta podría ser la declaración de cualquier cristiano de todas las épocas alrededor del mundo, como expresión de la necesidad de una manifestación cada vez mayor de la persona de Jesucristo. Pero, en realidad, ¿entendemos bien lo que un avivamiento es?
La palabra "avivamiento", o sus derivadas, aparecen muy pocas veces en las Sagradas Escrituras. En Salmos 119:37, leemos: "Avívame en tu camino", en Habacuc 3:2 , "Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos". Este clamor del pueblo hacia su Dios implica siempre el reconocimiento de una necesidad, y la seguridad de que la misma sólo puede ser satisfecha por Dios.
El salmista lo sabía, y por eso le da contenido a esa expresión exclamando: "¿No volverás a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti?" (Salmos 85:6)
Es que un avivamiento significa una visitación extraordinaria y sobrenatural del Señor a sus hijos, con el objeto de vivificarlos, restaurarlos, darles vida, en fin, avivarlos. Este acontecimiento inusual obra de manera concreta sobre los creyentes, trayendo frutos que pueden contarse como conversiones, consagraciones, derramamiento del Espíritu Santo en diversidad de dones, arrepentimientos, santificación, etc. Si luego de lo que llamamos avivamiento no quedara ningún fruto del Espíritu, habría que preguntarse si en verdad eso ha sido un avivamiento genuino, o si simplemente ha sido una manifestación que no pasó más allá del nivel de los sentimientos.[...]

("Queremos un avivamiento, parte I" por Eliana Gilmartin - http://www.riosdevida.com).

La obra poderosa del Espíritu Santo es una necesidad del cristiano y la Iglesia. Su unción nos renueva, nos motiva, nos da fuerza para glorificar a Dios y hacer Su obra.

Los que recibieron

Si observamos la Palabra de Dios, encontraremos episodios colectivos (avivamientos) o individuales donde se buscó y encontró esta manifestación extraordinaria del Señor.

La Iglesia primitiva recibió una directiva precisa del Señor en este sentido:

Hechos 1:4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre,

Ya sí lo hicieron.

Hechos 1:14 (NVI) Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María.

2:1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

Los hermanos perseveraron, se pusieron de acuerdo para esperar, orar y pedir... con un pedido desesperado o ruego como la Biblia menciona.

Pero la recompensa bien valió el sacrificio pues el Espíritu vino, la unción reposó sobre ellos y ocurrieron toda clase de maravillas.

Esto mismo se repite algunos capítulos delante en el mismo libro de Hechos.

Jacob, al encontrarse con Dios en Peniel, también tuvo una actitud tenaz.

Génesis 32:26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.

Luchó con el ángel hasta que éste, de parte de Dios, lo bendice.

Eliseo era el aprendiz de Elías, el profeta con mayor renombre de la época. Cuando Eliseo supo que faltaba poco tiempo para que Elías parta, creo que el se propuso en su corazón no dejarlo ir hasta conseguir la misma unción, el mismo poder que su maestro tenía. Digo esto pues Eliseo responde con prontitud y seguridad a la pregunta de Elías... seguramente tendría la respuesta preparada hace tiempo.

2 Reyes 2: 9 Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.

A simple vista parece una respuesta ambiciosa, casi carnal. Pero sin dudas que venía de un corazón que amaba a Dios y por eso quería el doble de ese espíritu. De otra manera sería muy improbable que el Señor se haya derramado de una manera tan tremenda sobre este siervo.

2 Reyes 2:15 Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.

Eliseo estaba decidido a recibir esta unción de parte de Dios, y estuvo en su puesto hasta recibirlo. Pidió, perseveró, se esforzó y recibió.

Los que no recibieron

Eliseo había vivido en un ambiente espiritual, donde la manifestación del poder de Dios era corriente. Esto lo hizo anhelar ser espiritual y ungido como su propio maestro.

Sin embargo no todos los que participan de un ambiente de bendición como ese, reciben una renovación en su interior.

Cuando los discípulos Felipe, Pedro y Juan llevaron el avivamiento a Samaria, muchos se convirtieron y también recibían la investidura del Espíritu Santo. Simón el Mago era uno que había hecho manifestación de fe, y ahora estaba en medio de esta atmósfera de poder.

Hechos 8:17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo.

La motivación de Simón era del todo errónea: quería usar ese poder para usufructo personal. No anheló la vida de Dios dentro de sí, ni siquiera bendecir a otros. Buscaba su propio beneficio. Dios no bendice estas motivaciones, como tampoco bendijo a Simón el Mago en ese momento.

Pero el caso de Giezi, el aprendiz de Eliseo, fue un poco distinto. Giezi acompañaba y ayudaba a Eliseo. Era fiel y trabajador, Eliseo podía confiar en el. Había asistido a cantidad de milagros, cerciorándose de la veracidad de los hechos. Vivía en medio de un ambiente de bendición.

Un día observó otro milagro, también espectacular. Un general de una poderosa nación fue sanado por el poder de Dios con la intervención de su maestro Eliseo. ¡Tremendo poder el que Jehová desplegó! Y de la manera más particular. Este hombre sanado quedó muy que agradecido, y quiso demostrar su gratitud dando algunos regalos a Eliseo. Eliseo, seguramente guiado por Dios, rechaza los presentes que -al día de hoy- valdría gran cantidad de dinero... dinero que Eliseo necesitaba para bendecir a muchos, mantener la escuela de profetas, ayudar a los necesitados, etc...

Giezi no lo puede creer.

2 Reyes 5:20 Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa.

¿Cómo podía ser tan desconsiderado? ¡Pobre hombre que quería manifestar su reconocimiento! ¿Y el uso que le podrían dar a esa plata? ¡Si recibir esa ofrenda debe ser la finalidad del milagro que Dios ha hecho! Finalmente y en secreto Giezi corre tras Naamán, solicita los regalos y se los queda. Esta fue la demostración de lo que había en su corazón: ansias personales. Y su ministerio es truncado por la enfermedad.

Giezi había vivido en medio del avivamiento, pero no estaba "avivado".

Para recibir

Para recibir la unción del Señor no hay muchas condiciones. Jesús nos mostró que debemos hacer.

Lucas 11:9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. [...] 13 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?

Este pedir no es una petición al aire, como si fuera enviar una solicitud por correo o hacer la lista del supermercado. Es tener una petición persistente como la de la parábola de la viuda y el juez injusto. Es pedir, rogar, clamar y esperar que el Señor se manifieste. Porque esta petición persistente muestra la intención y motivación del corazón. Y esto es lo que Dios ve, y lo que a Él le interesa.

El que no tiene ese anhelo profundo puede estar en un avivamiento y solo ser salpicado superficialmente por la unción, por el mover de Dios. Tendrán una sensación momentánea, pero su vida no cambiará en forma radical. Recibir una unción que permanezca es mas que la sensación. Como dice John Arnott: "Algunas veces los cristianos buscan el poder como "la sensación el momento". Pero no permiten a Dios que haga su obra plena en ellos, sus vidas no cambian."

Cuando el Espíritu tiene libertad puede hacer cosas radicales en nuestra vida. Para ello tenemos que construir un anhelo, un perseverar pidiendo.

Comencemos a orar. Hagámoslo solos, hagámoslo en los cultos, hagámoslo con nuestros amigos. Pidamos y anhelemos. Hagamos de esto algo prioritario. "¡Ven y aviva mi vida Señor!" Que surja este clamor, que se eleve hasta nuestro Padre, que se conozca en el cielo.

Y el Espíritu vendrá, Dios será glorificado y se hará la obra que Dios desea.