La Ley y Cristo (Jorge Himitián)

La Ley y Cristo

Jorge Himitián

LA LEY y CRISTO

Estudio preparado por Jorge Himitian

Introducción

Se hace necesario abordar este tema pues en nuestro días,
vuelve a resurgir una fuerte corriente judaizante en algunas partes del mundo,
principalmente en los Estados Unidos, y que se está difundiendo por Internet
a nuestros países latinoamericanos.

Esto no es algo nuevo, desde los días del Nuevo Testamento,
vez tras vez vuelven a rebrotar en la historia de la iglesia movimientos que
enfatizan que es necesario observar toda la ley, guardar el sábado, abstenerse
de los alimentos que el Antiguo Testamento prohíbe, etc. Más o
menos esa es la postura de los “Adventistas del Séptimo Día”.
En los últimos años algunos sectores evangélicos también
están enfatizando que los judíos, a pesar de no creer en Cristo,
son el pueblo de Dios. Otros también afirman que los judíos que
se convierten a Cristo deben seguir practicando la circuncisión, etc.

(1) Quisiera iniciar esta exposición respondiendo a la
siguiente pregunta: “¿Quién es para los cristianos la autoridad
suprema en materia de fe?.

Reconocemos y declaramos que la única autoridad de la
iglesia es Jesucristo. La revelación de Dios en la historia humana ha
sido gradual y parcial en el Antiguo Testamento, y esa revelación alcanzó
su plenitud en el Nuevo Testamento. Creemos que Jesucristo es la revelación
plena de Dios para todos los hombres de todos los siglos, y que esa revelación
fue dada por el Espíritu Santo a los apóstoles y profetas del
primer siglo (Efes.3.2-7). El Nuevo Testamento es el registro fidedigno y divinamente
inspirado de esa revelación. Lo que los apóstoles del primer siglo
escribieron es el fundamento inmutable de nuestra fe. La iglesia está
edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo
su piedra angular. (Ef.2.20).

(2) Hay muchas ordenanzas en el Antiguo Testamento que según
los apóstoles son sombras, figuras y símbolos de la realidad que
vendría después. Y esa realidad llegó, es Cristo. Nuestra
interpretación del Antiguo Testamento es la interpretación que
ellos tuvieron y nos transmitieron. No podemos agregar o quitar a lo establecido
por los apóstoles. Según ellos, hay mandamientos, enseñanzas
y prácticas del Antiguo Testamento, que hoy ya no están vigentes,
como el sacrificar corderos, construir un tabernáculo, vestir a los sacerdotes
con vestiduras especiales, etc. La lista sería muy grande. De acuerdo
al Nuevo Testamento, muchas de esas cosas tienen un rico y valiosísimo
simbolismo espiritual, pero no necesitamos practicarlas hoy literalmente sino
espiritualmente. El N.T. señala con bastante claridad cuáles son
los mandamientos del A.T. que hoy no están vigentes y cuáles siguen
vigentes.

(3) Felizmente los temas que vuelven a ser planteados, ya habían
sido temas de controversia y discusión en la iglesia del primer siglo,
y los apóstoles los resolvieron con suma claridad bajo la inspiración
del Espíritu Santo. Así lo entendió la iglesia de todos
los siglos. Hoy no necesitamos discutir nada, ni innovar, solo nos toca leer
y acatar lo que los apóstoles, inspirados por Dios, establecieron sobre
todos estos temas.

(4) La parte moral de la ley, aquello que revela lo que es pecado
y cuál es la conducta santa que Dios quiere de todos los hombres, está
expresado claramente en el Nuevo Testamento como “didaké ”.
“Didaké” es una palabra griega que está traducida
por “doctrina” o “enseñanza”. Es la suma de todos
los mandamientos de Jesucristo y de los apóstoles que revelan la voluntad
de Dios para nosotros y que debemos obedecer fielmente.

(5) Como advertencia, agrego un dato que es importante tenerlo
en cuenta. Hoy en día hay grupos judaizantes que han llegado hasta el
extremo de afirmar que el apóstol Pablo se desvió totalmente de
la verdad, y que él es el “inventor” del cristianismo actual.
Estos afirman que el Mesías Jesús había venido para reafirmar
el judaísmo íntegramente y establecerlo en todo el mundo como
el verdadero camino a Dios; que Pablo reinterpretó a Cristo y su mensaje
creando así una nueva religión que es el cristianismo. ¡Es
impresionante a qué extremos heréticos se puede llegar por este
camino!

Vayamos al punto central de este tema, haciéndonos las
siguientes preguntas:


1ra. Pregunta: ¿QUÉ DICE EL NUEVO TESTAMENTO ACERCA DE
LA LEY?

Romanos 7.7-14

1. Que ley es santa, porque revela la santa voluntad de Dios
para los hombres. El mandamiento es santo, justo y bueno. (v.12)

2. Que llegamos a conocer el pecado por la ley. (v.7)

3. Que sin la ley el pecado estaba muerto. Al llegar el mandamiento
el pecado revivió en nosotros y nos mató. (v.9). Que el mismo
mandamiento que era para vida, a nosotros nos resultó para muerte (v.10-11)

4. El propósito del mandamiento, mediante la muerte que
el pecado produjo en nosotros, era revelar la extrema maldad y gravedad del
pecado (v.13)

5. Que por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Que
todo el mundo está bajo el juicio de Dios.(Rom.3.19-20)

Gálatas 3.10-29

1. “La ley no es de fe sino dice: El que hiciere estas
cosas vivirá por ellas” (v.12). Nadie las pudo cumplir todas. Aún
más, la ley declara: “Maldito todo aquel que no permaneciere en
todas las cosas escritas en el libro de la ley” (v.10). De modo que por
la ley estamos todos bajo maldición.

2. La ley fue añadida a causa de las transgresiones,
hasta que llegase la simiente de la promesa (v.19)

3. La ley no es contraria a la promesa pero no puede dar vida
a nadie (v.21)

4. Antes de la fe estábamos encerrados bajo la ley (v.23)

5. La ley ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo (v.24)

6. Venida la fe, ya no estamos bajo el ayo (v.25)

7. Ahora por la fe somos hijos de Dios, somos uno en Cristo,
linaje de Abraham y herederos de la promesa. (v.26-29)


2da. Pregunta: SEGÚN EL NUEVO TESTAMENTO, ¿CUÁL
ES NUESTRA RELACIÓN ACTUAL CON LA LEY?

1. Ya no estamos “bajo la ley sino bajo la gracia”.
(Rom. 6.14-15)

2. “Ahora estamos libres de la ley por haber muerto para
aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen
nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”
(Rom.7.6)

En los versículos anteriores del capítulo 7 (1-5),
Pablo usa una alegoría concluyente y definitoria. Es la alegoría
del matrimonio, en la que los cónyuges están unidos hasta que
la muerte los separe. Si uno de los dos cónyuges muriera, el otro cónyuge
queda libre y puede casarse con otra persona. En esta alegoría, la ley
es el marido y la mujer somos nosotros. El apóstol del Señor en
forma concluyente, en el versículo 4 declara: “Así también
vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo
de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos,
a fin de que llevemos fruto para Dios”. Por eso afirma: “… ahora
estamos libres de la ley por haber muerto…”

En Gálatas 2.19-20, vuelve a afirmar lo mismo: “Porque
yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy
juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…”

La justa y santa ley de Dios exigía de nosotros muerte;
esa exigencia fue plenamente cumplida en la muerte de Cristo. Cristo nos incluyó
en su muerte. La ley no tiene nada que exigir de nosotros. Su demanda fue satisfecha.
Ahora somos de otro, de Cristo nuestro Señor. Estamos bajo su autoridad.
Y él vive en nosotros por su Espíritu Santo. Lo que era imposible
por la ley, por la debilidad de nuestra carne, ahora es posible por el Espíritu.
En Cristo, y por el poder de su Espíritu en nosotros, no solo somos justificados
sino también santificados.

Tal como lo dice Pablo en Gál.3.24-25: “La ley
ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados
por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo”, es decir, bajo
la ley.

Pablo está perplejo e indignado con los gálatas.
¿Por qué? Justamente porque los judaizantes los habían
convencido de que debían guardar la ley. Las expresiones de Pablo son
muy duras contra toda este error que se había metido en las iglesias
de Galacia. Y con autoridad apostólica, y en el nombre del Señor,
les reprende con mucha firmeza y amor, a fin de salvarlos de la herejía
de volver a someterse a la ley.

Sería bueno que leyéramos toda la epístola,
pero veamos a lo menos algunos párrafos más:

Gálaltas 1.6-9
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que
os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir
el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os
anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica
diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.”

Gál. 3.1-5
“¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó
para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado
claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros:
¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír
con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu,
ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido
en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el
Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras
de la ley, o por el oír con fe?”

Gál. 4.8-11
“Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a
los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más
bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis
de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis
volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos
y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.”

Gál. 4.19-20
“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta
que Cristo sea formado en vosotros, quisiera estar con vosotros ahora mismo
y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros.”

Gál. 5.1-11
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y
no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo
Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.
Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado
a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis;
de la gracia habéis caído. Pues nosotros por el Espíritu
aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús
ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe
que obra por el amor. Vosotros corríais bien; ¿quién os
estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede
de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo confío
respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo;
mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea. Y yo,
hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué
padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo
de la cruz.”

Gál. 6.12-15
“Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a
que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa
de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la
ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra
carne. Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro
Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y
yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada,
ni la incircuncisión, sino una nueva creación.”

Dos son las prácticas concretas que Pablo menciona en
esta epístola:
· la circuncisión
· el guardar ciertos días especiales (4.9).

3ra. Pregunta: ¿QUÉ
NOS ENSEÑA EL NUEVO TESTAMENTO ACERCA DE LA CIRCUNCISIÓN?

Algunos judaizantes hoy afirman que los gentiles que se conviertan a Cristo
no necesitan ser circuncidados, pero que los judíos deben observar tanto
la circuncisión física como la espiritual.

Primero quiero señalar
que esta doble categoría no existe en el Antiguo Testamento. Según
la ley todo extranjero que quisiera pertenecer al pueblo de Dios también
debía ser circuncidado.

Éxodo 12.48-49
“Mas si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la
pascua para Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces
la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún
incircunciso comerá de ella. La misma ley será para el natural,
y para el extranjero que habitare entre vosotros.”

Además de los versículos
que ya vimos en Gálatas. ¿Qué nos enseña todo el
Nuevo Testamento sobre esto?

Romanos 2.25-29
“Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero
si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión.
Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será
tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente
es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti,
que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de
la ley. Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión
la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo
es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu,
no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.”

1 Corintios 7.17-20
“Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó
a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las iglesias. ¿Fue
llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado
alguno siendo incircunciso? No se circuncide. La circuncisión nada es,
y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios.
Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede.”

Colosenses 2.11-12
“En él también fuisteis circuncidados con circuncisión
no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión
de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también
resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó
de los muertos.”

Después de semejantes
declaraciones apostólicas, es mucha osadía y atrevimiento, y es
oponerse a la revelación de Dios afirmar que es necesario que los cristianos
judíos se circunciden. Lógico que el judío circuncidado
que se convierta no puede hacer nada para “descircuncidarse”, ni
necesita hacer nada, porque, como lo afirma Pablo, “la circuncisión
nada es, y la incircuncisión nada es”.

Pablo circuncidó
a Timoteo por estrategia, no porque delante de Dios debería hacerlo.
El texto, en Hech. 16.3, dice claramente que “le circuncidó por
causa de los judíos”. Del mismo modo, si hoy algún judío
se circuncidara por estrategia, a fin de alcanzar más fácilmente
con el evangelio a otros judíos, no habría ningún problema,
pero no porque enseñemos que es un deber hacerlo.


4ta. Pregunta: ¿QUÉ DICE EL NUEVO TESTAMENTO ACERCA DE
GUARDAR EL SÁBADO?

1. ¡NADA! Absolutamente
nada. Ni Jesús ni los apóstoles jamás enseñaron
de un modo explícito que debemos guardar el sábado.

  • Hemos ya señalado
    que la parte moral de la ley, en el Nuevo Testamento está expresado
    en la “didaké” (doctrina, enseñanza) de Cristo y
    de los apóstoles. Es curioso que todos los otros nueve mandamientos
    están explícitamente mencionados por Cristo o por los apóstoles
    pero nunca ninguno de ellos hizo alguna mención directa sobre la necesidad
    de guardar el sábado o algún día especial.
  • En el sermón del
    monte (Mateo 5, 6 y 7) Jesús hizo referencia al mandamiento de no matar,
    no adulterar, no decir falso testimonio, amar al prójimo, etc., pero
    no hizo ninguna mención acerca del sábado. Al joven rico, le
    mencionó varios de los 10 mandamientos, pero no le dijo nada sobre
    el sábado.
  • Cuando le preguntaron
    cuál es el mandamiento más grande, los resumió en dos:
    Amar a Dios con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo.
  • Cuando ordenó
    a los doce a ir por todo el mundo y hacer discípulos a todas las naciones,
    no les dijo que enseñen a guardar todos los mandamientos de la ley
    sino todo lo que él les había enseñado a ellos.

2. Jesús no pareció
darle tanta importancia a la cuestión del sábado. De hecho, ante
la crítica de los judíos porque sus discípulos recogieron
espigas de trigo el sábado, Jesús los defendió, y dijo:
“El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa
del sábado” (Marcos 2.23-28).

3. Jesús sanaba en
el día de reposo. Curó al hombre de la mano seca (Mar. 3.1-6).
Liberó a una mujer de un espíritu de enfermedad (Luc.13.10-17).
Sanó a un hombre hidrópico (Luc.14.1-6). Sanó al paralítico
del estanque de Betesda, y ante el fuerte cuestionamiento de los judíos
les respondió: “Mi padre hasta ahora trabaja y yo trabajo”
(Juan 5.5-18). Sanó al ciego de nacimiento (Juan 9).

4. En la doctrina (didaké)
de los apóstoles no existe ni una sola indicación de que debemos
guardar el sábado. Efesios capítulos 4, 5 y 6, Colosenses 3 y
4, Romanos 12, 13 y 14, tenemos casi la totalidad de la didaké, pero
no hay ni una sola mención positiva de que debemos guardar el sábado.
Ni en la epístola de Santiago, ni en las de Pedro, ni en las Juan. No
hay en todas ellas la más mínima mención. ¿Por qué?

5. En las epístolas
de Pablo hay tres menciones acerca del sábado o de guardar algún
día. Pero en vez de decir que debemos guardar el sábado dice algo
muy diferente:

  • A los gálatas
    les reprocha por guardar los días, los meses, los tiempos y los años.
    Por eso les dice que teme haber trabajo en vano con ellos. (Gál.4.9-11).
  • En Colos. 2.16-17, dice:
    “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días
    de fiesta, luna nueva o sábados, todo lo cual es sombra de lo que ha
    de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”
    Aquí
    Pablo declara dos cosas: Primero, que comida, bebida, días de fiestas
    e inclusive los sábados, son la sombra de lo la realidad, esa realidad
    es Cristo. Una vez llegada la realidad no necesitamos aferrarnos más
    a la sombra. Al menos eso es lo que enseña el Nuevo Testamento (Hebr.
    8.5 y 10.1). Segundo, que nadie nos debe juzgarnos por no guardar estas cosas.
  • La tercera mención
    de Pablo está en Romanos 14. 1-6, y esto debe ser aceptado por todos
    como algo definitivo, después de las afirmaciones que hace Pablo aquí,
    no cabe ningún tipo de discusión. (Aunque como dice el refrán,
    no hay peor ciego que el que no quiere ver).
    “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.
    Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come
    legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no
    juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién
    eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está
    en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor
    para hacerle estar firme.
    Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos
    los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.
    El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no
    hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para
    el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el
    Señor no come, y da gracias a Dios”.
    Obviamente, si Pablo hubiera entendido que es obligación guardar el
    día sábado, nunca habría escrito lo que escribió,
    me imagino que al menos habría aclarado el tema del sábado de
    alguna forma. Según estas palabras de Pablo, si alguno juzga que debe
    guardar el sábado está en libertad de hacerlo, si otro quiere
    guardar o descansar otro día también está en libertad
    de hacerlo. Si un tercero juzga que todos los días son iguales, está
    todo bien. Lo único que no está permitido es juzgar al que piensa
    y actúa diferente. Menos hacer de estos temas asuntos de discusión.
    La conclusión es que para Pablo este es un tema secundario y relativo,
    y cada uno tiene libertad de actuar según esté convencido.

6. Es importante expresar
claramente que en el Nuevo Testamento tampoco existe ningún mandamiento
o enseñanza en la que se diga que el domingo reemplaza al sábado.
Muchos, por su herencia católica o evangélica han querido encontrar
alguna base bíblica para tal cambio, pero no existe ninguna base o palabra
apostólica al respecto. Es cierto que Jesús resucitó el
primer día de la semana (domingo). También es cierto que se apareció
dos veces a sus discípulos en días domingos (Juan 20.19 y 26).
El día de Pentecostés, cuando vino el Espíritu Santo, también
fue un domingo (Cincuenta días después de la Pascua, que era un
sábado). En Jerusalén, los discípulos del Señor
se reunían todos los días (Hech. 2.46 y 47), En Hechos 20.7, se
menciona que en Troas los discípulos estaban reunidos el primer día
de la semana a partir el pan (Hech.20.7). Pablo recomienda a los corintios que
aparten las ofrendas los domingos (1 Cor.16.1-2). Sin embargo, ninguna de estas
cosas tienen la fuerza de un mandamiento. Es más bien una sana costumbre
que se fue poco a poco estableciéndose en las comunidades cristianas
de reunirse el primer día de la semana para celebrar la resurrección
del Señor. Es nuestra convicción que nosotros debemos celebrar
todos los días la victoria y la resurrección del Señor.
Debemos vivir en permanente oración, alabanza y adoración al Señor.

7. A pesar de todo lo dicho, y teniendo en cuenta las palabras de Jesús
de que el sábado es por causa del hombre y no el hombre por causa del
sábado, Dios nuestro Creador para nuestro bien estableció que
trabajemos seis días y descansemos uno. Sin darle a esto un carácter
de legalismo, con la libertad que ahora tenemos en Cristo, haremos muy bien
en obedecer a este mandato creacional de Dios, y trabajar seis días y
descansar uno de nuestras tareas cotidianas. Esto es bueno y necesario para
nuestra salud y bienestar físico, emocional, mental, familiar y espiritual.
Mucho del stress y del agotamiento que se sufre hoy en día se debe al
hecho de que no descansamos un día por semana como lo estableció
nuestro Dios. En nuestra sociedad occidental y “cristiana” culturalmente
está establecido el domingo como día de descanso. Por lo tanto,
la mayoría de nosotros paramos el día domingo. Pero esto no lo
pueden hacer todos. Hoy existen oficios que deben trabajar todos los días.
Lo importante es que todos descansemos un día en la semana.
Si viviéramos en un país judío no tendríamos ningún
problema en descansar el sábado. Y si estuviéramos en un país
musulmán nos tocaría descansar el viernes. Los pastores, generalmente
el día que más trabajamos son los domingos. Reitero, lo importante
es trabajar seis días y descansar uno. Si la gran mayoría descansamos
el mismo día es mejor, pues eso nos da la ocasión de reunirnos
para alabar con más libertad al Señor y escuchar su Palabra.


5ta. Pregunta: ¿QUÉ DICE LA ENSEÑANZA APOSTÓLICA
ACERCA LOS ALIMENTOS PROHIBIDOS EN EL A.T.?

En Levítico 11 y
en Deuteronomio 14.3-21, está la lista de los animales que se pueden
comer y los que no se pueden comer. ¿Siguen esas prohibiciones vigentes
en el Nuevo Testamento? Veamos lo que dice la enseñanza apostólica
al respecto.

1. En 1 Corintios cap. 10,
Pablo dice “no” a la codicia; “no” a la idolatría;
“no” a la fornicación; “no”al tentar al Señor;
“no” a la murmuración (vv.6-12). Pero en cuanto a lo que
se puede comer el dice (vv.23-33)

“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito,
pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. De todo
lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos
de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. Si algún
incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga
delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia. Mas si alguien
os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por
causa de aquel que lo declaró, y por motivos de conciencia; porque del
Señor es la tierra y su plenitud. La conciencia, digo, no la tuya, sino
la del otro. Pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la
conciencia de otro? Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué
he de ser censurado por aquello de que doy gracias?
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo
todo para la gloria de Dios. No seáis tropiezo ni a judíos, ni
a gentiles, ni a la iglesia de Dios; como también yo en todas las cosas
agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que
sean salvos.”

2. Ya hemos visto el pasaje
de Romanos 14, en la que Pablo señala que cada cual tenga libertad para
comer o no comer según su conciencia. Pero agrego otro pasaje del mismo
capítulo.

Rom. 14.14-21:
“Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada
es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para
él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya
no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por
quien Cristo murió. No sea, pues, vituperado vuestro bien; porque el
reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu
Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por
los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua
edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas
las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar
a otros con lo que come. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en
que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite.”

En estos dos pasajes tenemos
una clara respuesta a nuestra última pregunta. En ambos hay tres puntos
principales:
1. Nada es inmundo en sí. Todas las cosas son limpias. Por lo tanto ya
no hay una lista de animales limpios y otra de animales impuros. Podemos comer
de todo lo que se vende en la carnicería.

2. Todo me es lícito
pero no todo conviene. Debo ver si tal o cual animal o carne es conveniente
desde el punto de vista de la salud.

3. Al comer debo tener en
cuenta la conciencia de los demás. Por amor debemos evitar ser tropiezo
a los más débiles.

Otra vez nos preguntamos
¿Por qué ni Cristo ni los apóstoles jamás dieron
ninguna instrucción en el sentido de que no debemos comer ciertos alimentos.
Por el contrario Pablo le dice a Timoteo algo muy serio y fuerte:

1 Tim.4.1-6:
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos
algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores
y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo
cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse
de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen
de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que
Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción
de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.
Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo,
nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.”

CONCLUSIÓN

Teniendo en el Nuevo Testamento
una enseñanza tan clara sobre todos estos temas, dados por los apóstoles
del Señor, haremos bien en leerlos, estudiarlos y obedecerlos. No nos
toca a nosotros reinterpretar el Antiguo Testamento, esa función ya lo
hicieron ellos y establecieron el fundamento de la iglesia para todos los siglos.
Amén.

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