La Necesidad de una Mente Renovada (2da parte) (Daniel García)

La Necesidad de una Mente Renovada (2da parte)

Daniel García

LA RENOVACIÓN DE LA MENTE (II)

Por Daniel García

Analizamos el choque que a veces experimentamos

al leer ciertas Escrituras como Números 31. Dijimos que una forma de superarlo era endurecernos, pero esto nos aleja de Dios.

Que las Escrituras muchas veces justifican la actuación de Dios. Es decir, siempre, pero muchas veces lo explica, tal el caso del diluvio, de Sodoma y Gomorra y lo que hará al fin en su Segunda Venida poniendo fin a este actual estado de cosas calamitosos y horrendos que vive el mundo.

Más precisamente vimos como Dios juzgó a las naciones que habitaban Canaan y cómo les advirtió que de hacer ellos lo mismo, también serían juzgados. La caída de Samaria en manos de los asirios y de Jerusalén en manos de los babilonios ya es triste historia.

Con todo, no solucionamos el problema y tenemos que reconocer que nuestra mente hay momentos que nos juega una mala pasada y nos predispone mal.

LA SOLUCIÓN

Cuando llegamos a este punto, tenemos que decir que Dios ha puesto un “piloto de tormentas” y que está instalado en nosotros a partir del momento que hemos creído en Cristo y lo hemos recibido en nuestro corazón: Ese piloto es la fe que no nos habrá de dejar ni siquiera en días oscuros y que guió a los hombres de Dios a través de los siglos cualquier sea la revelación que Dios les haya dado.

 Pero es ese mismo piloto que nos lleva al punto que llegamos en nuestro mensaje anterior: a través de él y afirmados en la Palabra de Dios, podemos seguir nuestro viaje a la eternidad confiados a pesar de lo oscuro y difícil del camino, a pesar de las fuertes tormentas, pero también producen un cambio en nuestra mente y corazón que de pronto estalla en quebrantos y percibe que Dios está allí mismo, junto a nosotros en medio de nuestras tentaciones.

 ¿Cómo hacer que estos quebrantos, se produzcan más profundamente o sean más seguidos? Aquí volvemos a hablar del trabajo incesante y continuado de la Palabra, del Espíritu Santo y de los ministerios de Efesios 4:11.

 Dijimos que no es una cosa en detrimento de la otra, sino el armonioso funcionamiento de los tres aspectos.

 1°) La Palabra: Ella tienen un valor supremo, siendo que el cielo y la tierra pasarán, pero su Palabra no pasará. Pero también tiene valor porque no volverá a Dios vacía, sino que hará lo que él quiere y será prosperada en aquello para que la envió. Por fin, el famoso texto de Heb. 4:12 “La palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de quien tenemos que dar cuenta“. El fanatismo con la Palabra. La exclusión de los otros dos parámetros. Las interpretaciones duras. La falta de conocimiento de la Palabra. El manejo de sólo unos textos El mensaje del A.T. que debían convivir con la Palabra y enseñarla a sus hijos, etc..

 2°) El Espíritu Santo: El reconocimiento que no es una influencia sino una persona, la tercera persona de la trinidad, con la cual tenemos tratos porque ha sido enviado por el Señor a nuestras propias vidas. Algunos exageran su trabajo y prescinden de la Palabra y de los ministerios de Ef. 4:11, distorsionando lo que Dios ha provisto, pues la Palabra ha sido dada por mediación del Espíritu Santo y los ministerios son puestos por indicación del Espíritu Santo.

 Otros no le dan importancia a la obra del Espíritu y ponen toda su confianza en el estudio de la Palabra y se endurecen, aplicando la “letra que mata” como dice la Escritura. Dejan la experiencia con el Espíritu Santo para la conversión que puede o no ser extraordinaria, pero luego de la conversión, ¡Cuidado con creer que el Espíritu Santo pueda hacer alguna cosa extraordinaria más!

 Es el Espíritu Santo que viene cuando recibimos a Cristo y que nos bautiza y nos llena y quiere darnos experiencias con él ya que es vivo y real. Experiencia todas que están señaladas en las Escrituras. ¿Quién soy yo para decir a Dios que esto si y esto no?

3°) Los ministerios de Ef. 4:11: Quizás son la cenicienta de las tres poderosas armas que el Señor ha provisto. Se aceptan los ministerios hasta cierto punto. Ellos dicen pero yo decido.

 Es verdad que ha habido abusos de los ministerios. Que hay falsos ministros del Señor que están claramente señalados en la Biblia. Que hay falsos maestros, pero lo falso no significa negación de lo verdadero sino todo lo contrario.

 Es verdad que ellos no pueden obrar aparte de la Palabra ni del Espíritu Santo, para eso tenemos la Palabra en nuestras manos y la unción en nosotros, pero debemos reconocerlos o buscarlos que sin ellos no vamos a vivir esa vida de íntima relación con Dios ni avanzaremos para llegar al varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Y para llegar a ese objetivo nuestra mente tiene que ser renovada continuamente para que no sea un freno en el camino, sino el motor de nuestra renovación.

 La Palabra, el Espíritu y los ministerios nos ayudan en el camino de la OBEDIENCIA que caminó el Señor. Ellos me señalarán el camino, pero YO DEBO CAMINARLO.

 El equilibrio entre los tres, que se alcanza al caminar en el Espíritu de tal modo que es como el que aprende a conducir, que automáticamente va incorporando lo que aprendió (R.Naranjo)

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