Enseñando a dar los primeros pasos (Horacio Ciccia)

Enseñando a dar los primeros pasos

Horacio Ciccia

ENSEÑANDO A DAR LOS PRIMEROS PASOS

Por Horacio y Susana Ciccia

Introducción

La tarea de conducir a los nuevos hermanos por los primeros pasos es una de las más gratificantes porque como bien los describe el Apóstol Pablo, son niños espirituales y en el transcurso de estos primeros pasos podemos ver su asombro ante cada verdad bíblica que abrimos ante sus ojos.

Es un privilegio del que no somos merecedores, pues en ocasiones una clase se transforma en un lugar de refugio para muchos de aquellos que llegan a la iglesia con heridas, problemas familiares y otros.

En el tercer punto desarrollaremos el “maestro-pastor” esto nos puede parecer mucho ahora pero para cada clase es así y también, es probable que nunca podamos llegar a la altura del ejemplo más perfecto de maestro que es Cristo, pero vale la pena el esfuerzo.

Hagamos esta tarea lo mejor posible, dediquemos tiempo a preparar cada clase, de manera que los alumnos realmente conozcan más de Dios.

Algo importante a tener en cuenta, para ser un buen maestro de primeros pasos hay que tener tres actitudes:

  1. Una actitud pedagógica.
  2. Una actitud espiritual.
  3. Una actitud pastoral.

 

1. Una actitud pedagógica

a) El curso

La finalidad del curso de Primeros Pasos, es que cada alumno conozca las primeras verdades del evangelio, pero de una manera tal que pueda ponerlas en práctica y actuar de acuerdo a ello.

Por otro, lado nos posibilita unificar criterios, ya que esta abierto a todos los hermanos que nunca hayan hecho un estudio bíblico o que vengan de otras iglesias.

Este curso fue preparado por los pastores Josep Pradas y Pablo Sparta, especialmente para ser usado por la iglesia y al cual se lo ha denominado finalmente “Crecimiento Cristiano”. El mismo está divido en dos niveles:

1° Nivel

Lección 1 – Nacer de nuevo. (Nos ayuda a confirmar si tiene claro que son salvos).

Lección 2 – Hablar con Dios. (La importancia de la oración).

Lección 3 – Alimento del Cielo. (Enseña a leer la Biblia).

Lección 4 – Familia de Dios. (Que es la Iglesia y su integración a ella).

Lección 5 – Bautismo en Agua. (Como conducirlos al mismo o si fueron bautizados en otro lado).

Lección 6 – Cena del Señor. (Interiorizarnos de la misma).

2° Nivel

Lección 7 – Poder de Dios. (Trinidad – Bautismo del Espíritu Santo).

Lección 8 – Más que Cantar. (Alabanza – Adoración).

Lección 9 – Administradores. (Mayordomía- Dinero y bienes materiales-Tiempo- Dones).

Lección 10 – Buscadores. (Búsqueda de la presencia de Dios).

Lección 11 – Divididos. (La vieja naturaleza – La nueva naturaleza – Lucha y victoria)

Lección 12 – Esperanzados. (La muerte – La segunda venida de Cristo).

Estas están disponibles y se las pueden solicitar a través de los pastores o líderes, a la oficina de la iglesia, al pastor Pablo Sparta.

Para lograr este fin, hemos optado por la creación de varios grupos de no más de diez a doce alumnos cada uno y si bien se ha tenido en cuenta las edades, no fue una condición excluyente.

Esto tiene ciertas ventajas:

*Permite conocer a cada integrante en profundidad.

*Favorece el vínculo entre ellos y nosotros.

*Posibilita detenerse en los temas de mayor necesidad.

Pero también corremos con ciertas desventajas:

*La clase se puede ir de control, pues al abrir la participación a los alumnos se corre el riesgo de desvirtuar el tema tratado.

*La posibilidad que el instructor no conozca el tema que plantean.

*La posibilidad de perder el manejo del grupo porque éste se subdivida en varias opiniones particulares.

De todos modos todos estos supuestos no son graves.

* Si como instructor se desconoce el tema que se plantea en clase, se puede con humildad decir que no se conoce pero que lo hablaremos con el pastor.

* O bien, si el tema es “muy interesante” se puede proponer dedicar otro día para su desarrollo y fijar una fecha en que todos estén de acuerdo.

* Pero si el tema es “superinteresante, importante y edifica” y se lo domina perfectamente, no desaprovechar la oportunidad para desarrollarlo.

Por ejemplo: En nuestra clase estábamos viendo qué cosas eran pecado y al plantear “no matarás”, todos afirmaron “es pecado”, hasta que alguien preguntó qué haría ante un ataque a su familia y tuviera un arma en la casa. Tuvimos que detenernos y aprovechar esta oportunidad para llevar a nuestros alumnos a poner nuestra confianza en el Señor, que nos guarda, nos cubre, etc. Y finalmente pudimos ver el amor de Dios derramándose en cada uno de nosotros y llevándonos a confiar en él, incluido nuestro alumno en cuestión.

En este caso fue necesario dejar por un momento la clase del día y tocar este tema, que no sólo es de actualidad y una necesidad real en todo nuevo creyente, sino que nos conduce a conocer más de Dios.

b) El maestro

El maestro o instructor cumple un papel fundamental en el desarrollo del grupo y en este orden le caben ciertas obligaciones delante de Dios y deberes que desarrollaremos a continuación:

*Instruir, enseñar. Es más que transmitir, es ayudar, guiar a los alumnos hacia el “aprendizaje”.

*Generar un clima de confianza, que cada alumno pueda expresar su opinión sin censura.

*Tratar de vivir lo que enseña.

*Motivar a los alumnos a “poner en práctica” lo que están aprendiendo.

*Integrar. Como maestros debemos insertar y afianzar a cada alumno, al seno de la iglesia.

La principal motivación para el crecimiento cristiano debe ser guiar al alumno al aprendizaje de las verdades bíblicas y a ponerlas en práctica.

No se trata de enseñarles a estudiar de memoria, si bien es importante dejarles claro que es bueno conocer algunos textos de memoria, porque podrán servirnos en algún momento de prueba o necesidad.

Este curso no está diseñado para esto, sino para que aprendan las verdades básicas del evangelio, por lo tanto es bueno utilizar recursos, historias, chistes, ilustraciones, juegos de aprendizaje (como comentamos anteriormente), testimonios (sean propios o de alguien que conocemos y mucho mejor si todos lo conocen o bien ficción).

Si bien no haremos de estos métodos algo sistemático, nos servirán para captar la atención de la clase y tratar por todos los medios que quienes salgan de nuestras clases, dejen de ser niños espirituales y pasen a ser hermanos maduros.

c) Técnicas y recursos

Son herramientas auxiliares del aprendizaje que consisten en actividades coordinadas por el maestro con la finalidad de hacer una clase ágil, activa y en la que el aprendizaje sea natural.

Cada maestro tiene libertad de usar la técnica que más resultados le proporcione, inclusive se ha tenido en cuenta a los jóvenes, para quienes se han convocado maestros “jóvenes” que conozcan bien la Palabra y tengan otra flexibilidad en cuanto a horarios y días en que dicten sus clases y actividades extraordinarias.

En cierta manera estas técnicas son muy útiles, ya que son un recurso verdaderamente dinámico, aunque no deben transformarse en un fin en sí mismo, sino mantener el verdadero protagonismo que es la enseñanza de la clase.

Pueden solicitar también este material especialmente preparado para niños y adolescentes de hasta 15 años.

Las preguntas: Al margen de otros recursos ya mencionados uno de los que más utilidad nos ofrece, son las preguntas.

La importancia de esta técnica radica en una diferencia sutil y que nos puede ayudar o hacer fracasar, especialmente en grupos pequeños, veamos un ejemplo:

*¿Qué piensa la gente que es el pecado? Y ¿A ustedes qué les parece?

*¿Quién de ustedes se atrevería a responder qué es verdaderamente el pecado?

Ambas están preguntando lo mismo, pero la primera facilita la respuesta mientras que la otra nos cierra la posibilidad de participación ya que es intimidatoria.

Debemos, sin duda, tener especial cuidado de cómo nos dirigimos a nuestros alumnos; no olvidemos que en algunos casos son bebes, son la imagen de Cristo frente a nosotros. Siempre será mejor efectuar una pregunta que permita la participación de todos y con sencillez, sin olvidar que el “control de la clase lo tenemos nosotros”.

Hay tres grupos de preguntas que podemos utilizar, según qué objetivo tengamos:

  1. Las que proporcionan conocimiento: éstas nos permitirán informarnos acerca de aquello que necesitamos. Saber en qué condiciones están cada uno de nuestros alumnos, cómo fue su conversión, su familia, si tienen alguna necesidad (creamos vínculos en ellos y entre ellos y nosotros, que en este ámbito representamos a la Iglesia).
  2. Las que revelan el conocimiento: éstas nos permitirán informarnos si el alumno sabe acerca del tema que le estamos preguntando.
  3. Las que requieren elaboración de conocimiento: con estas preguntas podremos saber si el alumno sabe usar sus conocimientos y combinarlos con operaciones del pensamiento para generar una conclusión, por ejemplo: ¿qué sucede si rompemos un huevo en harina y agua?

La utilización de preguntas en este tipo de enseñanza nos simplifica la tarea y posibilita fijar un conocimiento.

Según las estadísticas, recordamos muchísimo más lo que hacemos, que lo que oímos.

Por otro lado nos servirán para evaluar, sin que ellos lo noten, y a su vez evaluarnos. Es fundamental saber si estamos haciendo bien las cosas para poder corregirlas a tiempo. Debemos tener en cuenta que en este curso no se evalúa a los alumnos tomando lección, sino que como dijimos, lo haremos sin que se percaten de ello.

No olvidemos que somos responsables de ayudar a nuestros alumnos a conocer, aprender y a construir un pensamiento en base al conocimiento impartido porque será algo que los acompañará por mucho tiempo y debemos procurar dejar plasmados en su corazón cada verdad bíblica.

Ejemplo: Leamos 1° Juan 1:9 ¿Hay algún límite para la confesión? ¿Qué piensan de esto? Veremos como empiezan a construir una respuesta en la que muy probablemente tengamos que ayudarles, pero jamás olvidaran esta promesa.

Las “preguntas con respuestas pautadas” son otro grupo de preguntas muy utilizado en nuestros cursos:

Por ejemplo: Mateo 26:41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. ¿Qué puedo pedir………..?

Una vez que el alumno responde, el maestro puede tener distintas actitudes frente a la respuesta. Si la misma es incorrecta debemos tener tacto para no desanimar al alumno; en general es conveniente esperar a tener todas las respuestas y si vemos que hay mucha confusión llevarlos a pensar mediante preguntas, dejando claro cuál es el concepto que nos parece más correcto.

En general es mejor no darles a entender que hay respuestas totalmente correctas y otras totalmente erradas, sino que todas tienen un poco de lo que nos ayudará a descubrir la verdad que Dios tiene para nosotros en ese pasaje.

Como podemos ver tenemos técnicas y recursos que nos facilitarán la tarea para llevar a nuestros alumnos por un camino de crecimiento en el conocimiento de Dios, pero sin duda el mejor ejemplo lo tenemos en Cristo, quien también enseñaba a grupos pequeños, utilizando preguntas de fácil respuesta y culminando con aquellas que requerían una resolución más elaborada. En ocasiones llevaba a los discípulos a construir un conocimiento de las verdades que enseñaba. Un ejemplo palpable lo tenemos en Mateo 16: 13-17:

“…Preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.

El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.

Sin duda hay una distancia superlativa entre el Señor como maestro y nosotros, pero la Palabra nos insta a seguir en pos de un conocimiento mayor de aquel que nos llamó y es fiel en terminar la obra que empezó. No desmayemos, él es nuestra fuerza, sin él nada podemos hacer.

Ante cada desafío levantemos la mirada hacia aquel que nos envía el oportuno socorro. Amén.

2) Una actitud espiritual

Todo lo que vimos anteriormente constituye la riqueza del maestro. Es la valija infaltable del maestro. Tales conocimientos nos alivian el trabajo, allanan y preparan el camino.

Pero… todo este caudal de conocimiento pedagógico resultaría vano, si no tuviéramos en cuenta una actitud espiritual. Es esta actitud la que nos diferencia de un maestro secular, de una enseñanza fría, de sólo dejar conocimiento y no sabiduría.

Es tan necesario el uno como el otro. En el mundo, el primero solo, puede funcionar. Pero en las cosas del Espíritu, nada puede funcionar sin “Espíritu”. Porque en el mundo las cosas funcionan según el espíritu del mundo, pero en las cosas de Dios, según el Espíritu de Dios.

Es entonces justamente al Espíritu Santo a quien debemos pedir sabiduría para realizar esta tarea. Pues en la sabiduría de aplicar el Espíritu se hará notable una sutil diferencia:

La diferencia que existe entre conocimiento y sabiduría, ya que son dos cosas distintas

Conocimiento viene de la palabra hebrea “dahad”, o sea información o acumulación de la misma.

Sabiduría viene de la palabra “jokma”, capacidad para aplicar la información en tiempo y forma.

Es una conjunción de “dominio” y “arte”. Es el arte de aplicar lo que dominamos.

Podemos tener mucha información y conocimiento en algo, pero no saber aplicarlo y fracasar.

La sabiduría es creativa. Hace criar dos hijos distintos. Cuando esto no sucede hay falta de identidad y niños pueden ser criados como niñas porque no se aplicó sabiduría para enseñar ese conocimiento debidamente. Así debemos tener en cuenta los tiempos de cada alma que se ha puesto a nuestro cargo.

Sólo una vida de oración, de comunión con el Padre, de santidad, marcará la diferencia y hará que impartamos vida en nuestras enseñanzas.

Es nuestra responsabilidad llevar una vida de tal característica, de intimidad con el Padre, pues siendo maestros, somos ejemplos, aunque no queramos.

Quizás no podamos decir aún como el apóstol Pablo, “sed imitadores de mí”, pero… los demás nos observan y examinan… y algunos hasta nos imitan.

Una actitud de parte nuestra fuera de lugar, puede sacar de su lugar a quien nos observa.

Es que “enseñar primeros pasos” suena muy primordial, pero para “enseñar primeros pasos” debemos primeramente nosotros haber dado “los pasos posteriores”.

Jesús fue ejemplo de oración, comunión y santidad.

El quiere que nosotros sigamos ese ejemplo de oración, comunión y santidad para ser ejemplo de ello mismo.

Toda la vida de Jesús fue una vida de oración, de ministración al Padre y de santidad.
Toda la vida de Jesús fue ir de un lugar de oración a otro lugar de oración, y entre un lugar de oración y otro lugar de oración Jesús cumplió su misión y ministerio. Por esta razón el enemigo no soportaba su presencia, por esta razón Jesús ya ni oraba por los enfermos al momento de sanarlos, con sólo tocarle se sanaban, porque toda la vida de Jesús fue una vida de oración, de obediencia y pureza.

* Lucas 6:12 “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios”

* Lucas 9:28,29 “Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente”

* Lucas 18:1 “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar”

* Lucas 21:37,38 “Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos. Y todo el pueblo venía a él por la mañana, para oírle en el templo”

Finalmente los discípulos entendieron el propósito de Dios, asimilaron las enseñanzas de Jesús y estuvieron dispuestos a dar su vida como testigos y mártires de Jesús. Y se parecieron a su Maestro.

* Hechos 4:13,14 “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra.

* Hechos 6:4 “Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra”

* Hechos 11:26 “Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia”


En cierto que en estos tiempos hay demasiadas cosas que distraen nuestra atención de lo que es verdaderamente espiritual, la presión de las cosas urgentes en el hogar, la productividad en nuestro trabajo o escuela, los nuevos proyectos y el activismo nos hacen descuidar nuestra intimidad con Dios a través de la oración. Pues entre más actividad, necesitamos gastar más tiempo para estar a solas hablando y escuchando a Dios. El secreto del verdadero éxito en todas las cosas perteneciente al propósito eterno de Dios, se sostiene, se basa y fundamenta en nuestra comunión con Dios a través de la oración, a través de la búsqueda de su presencia y de una vida plena de santidad.

Entre mas actividad, mas oración
Entre mas acción, mas adoración

Entre más corrupción, más santidad
Entre más devoción al activismo, más pasión para estar a los pies de Jesús.

3) Una actitud pastoral

“Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba COMO QUIEN TIENE AUTORIDAD, y no como los escribas”.

(Mr 1:22)

De alguna manera, a pesar de ser “simplemente” maestros, en el área de “primeros pasos”, la Iglesia toma esta área muy en serio y como una tarea —en cierta forma— “pastoral”.

Y por eso en el punto anterior vimos las características que atañen a un siervo de Dios.

Es que el punto anterior es el NEXO para que el maestro sea maestro-pastor.

Es la condición para que además de impartir conocimiento, lleguemos al corazón para transformar vidas.

El hecho de tener un grupo de personas a cargo, implica la responsabilidad, no sólo de enseñarles e instruirles, sino de atenderlas, preocuparse por ellas, velar por su asistencia, atender a sus necesidades y problemas, cobijarlas, consolarlas, vendarlas cuando estén heridas… o sea, pastorearlas.

Por supuesto debemos tener plena conciencia de nuestras limitaciones y alcances de nuestro ministerio y saber cuándo un caso es complicado y remitirlo al pastor del área o de la iglesia.

Pero seguramente habrá muchos casos, quizá menores, en los que podamos ayudar y solucionar nosotros, evitando así la sobrecarga de actividad en los siervos de Dios que necesitan más de su tiempo para velar por la marcha general de la Obra de Dios. (Exodo 18:13-27).

Sin una actitud pastoral, posiblemente nos haga mal cuando alguien nos enfrente, nos confronte en nuestros conocimientos o consejos, o alguien deje de asistir, etc… Pero cuando el amor del Padre, el amor paternal, ese amor puro y sacrificial hacia un hijo, el perfecto amor que hecha fuera el temor, reina en nuestros corazones, hará que sintamos un profundo amor por esa alma y una sana carga por orar y ayudarle a restaurarse lo antes posible e insertarse nuevamente en el propósito de Dios para su vida, sin que esta situación melle nuestra relación, sino por el contrario, que la afiance.

Esta actitud pastoral hará que cada palabra que salga de mi boca esté filtrada por Su Espíritu y ya no sea yo quien hable sino el carácter de Cristo en mi vida, pues ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí, y entonces saldrá vida de ella, no solamente letra sino Espíritu, no solamente letra que mata sino Espíritu que vivifica.

4Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; 5no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”. (2 Corintios 3:4-6).

Dejemos en cada frase, en cada clase que demos, una bomba espiritual que estalle en sus corazones, una enseñanza en el Espíritu que haga que esa persona, cada clase que participe, sea una nueva persona, salga disparada a la vida por una nueva revelación.

Cuando enseñamos en el Espíritu, no sólo enseñamos, transformamos vidas, porque impartimos la Palabra y ella es la vida, ponemos propósito de Dios en las vidas que nos escuchan y Espíritu en las almas que ministramos.

Dios quiere que entendamos su deseo de usar el Cuerpo de Cristo (o sea “La Iglesia”) hoy, para ministrar vida y sanidad espiritual, de la misma manera que Cristo ministraba en su vida terrenal.

No hay esperanza para este mundo perdido, al menos que nosotros, como Iglesia, nos levantemos como luz y sal de la tierra, y esto únicamente si estamos llenos del Espíritu Santo.

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.

(Juan 17:3).

Y esa es nuestra hermosa y profunda tarea, facilitar que le conozcan a El. el único Dios verdadero y a Jesucristo…

Conocer a Jesús debe ser nuestro anhelo y primer ministerio. Conocerle para darle a conocer.

El secreto está en ¿Qué gente estamos preparando?

Los doctores tienen pacientes.

Los padres tienen hijos.

Los generales tienen soldados.

Los jefes tienen empleados.

…Y los maestros ¿qué tienen?

No alumnos… sino “maestros”.

El mejor maestro no es el que tiene más alumnos, sino el que prepara mejores maestros.

El mejor discípulo no es el que trae más gente a la iglesia, sino el que prepara más discípulos.

Conclusión

No nos conformemos a dar una simple “clase”, de simples “temas”, en un simple “horario”. Esto es muy cómodo, pero sólo formará personas sin base sólida, flojas, inmaduras y dependientes de por vida, a que otros oren y peleen la batalla por ellas.

Propongámonos el ideal del “maestro” que forma maestros, discípulos y líderes que formarán los maestros, discípulos y líderes del mañana, que llevarán el Evangelio hasta lo último de la tierra y llenarán la tierra de Su gloria.

¿Quieren trascender? Formen discípulos.

Jesús mismo nos encargó “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones” (Mt 28:19).

Y decíamos que Jesús es nuestro máximo ejemplo.

“Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”. (Juan 13:15).

Pues cada mensaje y acción de Jesús mientras estuvo físicamente en la tierra, encerró enseñanzas prácticas y cotidianas, pero profundas y transformadoras.

Sólo así, con un caudal “pedagógico”, pero con el ingrediente “espiritual” para enseñar con una actitud “pastoral”, es que podremos reflejar el carácter de Jesús en nuestras vidas y podremos como El, hablar “como quien tiene autoridad y no como los escribas”.

One thought on “Enseñando a dar los primeros pasos (Horacio Ciccia)

  1. Jim CHU

    Amplias felicitaciones, amados consiervos. en verdad la perspectiva es loable, estoy seguro que es de mucha bendición para todos quienes se sumen al curso. Dios añada amplia bendición a sus vidas y ministerios.
    Pastor Jim
    Perú

    Reply

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