Arenga (José Mendoza)

Arenga

José Mendoza

Salmos
56 – 64   y   Juan 17 – 18
Alma mía en Dios solamente reposa,
Porque de él es mi esperanza.
El solamente es mi roca y mi salvación.
Es mi refugio, no resbalaré.
En Dios está mi salvación y mi gloria;
En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.
(62.5-7)

 

Arenga.

Michael J. Fox,
conocido actor cinematográfico canadiense de 40 años, le ha contado al mundo
que sufre del todavía incurable mal de parkinson. Sin embargo, sus palabras
y su testimonio han sido de inigualable ayuda a todos aquellos que sufren este
mal y también para quienes tienen personas cercanas que lo padecen.  Pero
no todo ha sido fácil. Él tuvo que pasar mucho tiempo “rumiando”
su desdicha antes de poder enfrentarla y luchar para sacar adelante su vida
y la de su familia. Poco a poco fue aceptando su enfermedad primero de manera
privada, luego con su familia, para después hacerlo público cuando renunció
a su trabajo como actor de una popular serie norteamericana. En una entrevista
cuenta que una madrugada se levantó para escribir un inventario de su vida.
En el papel pudo poner todo lo que sentía y todo lo que le hacía daño. Escribió
acerca de su padre, de la fe inclaudicable de su madre para con él, y del amor
por su esposa. Durante horas se enfrentó consigo mismo y con lo que estaba haciendo
con su vida. Al día siguiente de esa auto – declaración, él pidió ayuda
especializada para enfrentar su enfermedad. El resto es historia conocida que
todavía se está contando.

¿Alguna vez te
has descubierto dándote aliento para poder enfrentar una situación difícil?
Yo sí, y lo he hecho muchas veces. Me he dado ánimo, presionándome a mí mismo
para no rendirme, buscando adrenalina a través de la llamada de atención personal.
En el pasaje del encabezado encontramos a David animándose a sí mismo, 
describiendo para sí las bases de su fe: “Esto sé, que Dios está
por mí…” (Sal. 56.9b)
. Él está fortaleciendo su alma a través
de su propia retroalimentación espiritual con palabras como: “En
el día en que temo, yo en ti confío… En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué
puede hacerme el hombre? ” .(Sal. 56.3,4b)
. Sus palabras son una
muestra de cómo debemos enfrentar a nuestros propios temores armados solo con
nuestros principios y convicciones. Estoy convencido que debemos poner en práctica
este sano ejercicio espiritual olvidado por La gente que siempre espera que
llegue alguien más con las palabras adecuadas para mejorar el ánimo o para no
caer en las garras de la tentación. Sin embargo, la “auto-arenga” de David es
traer a la memoria nuestras convicciones más íntimas para que nos sirvan de
ancla cuando las tormentas de la vida arrecian, y de viento cuando nuestras
velas parecen paralizadas por falta de expectativas: “Alma mía,
en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca
y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi
gloria; en Dios está mi roca fuerte, y mi refugio” (Sal. 62.5-7)

Sin embargo, no
quiero engañarte… no se trata de un pensamiento seudo positivo para ver blanco
lo que ya es negro; es simplemente recordar lo que Dios ha dicho acerca de sí
mismo: “Una vez habló Dios; Dos veces he oído esto: Que de Dios es el
poder, y tuya, oh Señor, es la misericordia…”. (62.11,12a).
La “arenga
espiritual” nada tiene que ver con el “piensa positivo” de
ciertos autores contemporáneos. Es testimonio vivo, es experiencia personal
de comunión con el Señor, es compromiso, es fe puesta a prueba en los momentos
más difíciles de nuestra vida. Como David se dijo a sí mismo y en oración al
Señor: “Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí;
porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta
que pasen los quebrantos” (Sal. 57.1)
.  Notan ustedes las
palabras activas de David. Habla de su confianza, habla de su decisión de ampararse
(él) bajo las alas del Señor. Ese primer acto de fe y confianza se convierte
en combustible para seguir confiando y seguir creyendo. Además, demanda de nosotros
un profundo y sincero acto de reflexión personal en la soledad de nuestra conciencia,
comprobando si es que en realidad somos fieles y si la fidelidad del Señor en
algún momento nos ha faltado. David se ejercitaba así: “Dios, Dios
mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,
en tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria…
Mis labios te alabarán… Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite
de ti en las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, y así en la sombra
de tus alas me regocijaré” (sal. 63.1,2a,3b,6-7).

Lamentablemente,
el camino de la fe en estos días está trazado por una débil línea de convicciones
que, por ser tan tenue, muchas veces se pierde en el camino. Más que convicciones
son cuestionamientos, dudas existenciales, grandes interrogaciones que nos dejan
perplejos ante la vida. Son como muchas personas interesadas en lo divino que
he conocido y que sólo ven una pregunta detrás de otra, un continuo divagar,
un permanente discrepar, una absoluta dificultad por aceptar, una lucha infructuosa
por tratar de convertir un diminuto hilo de seguridad en algo parecido a una
fe difusa, extraviada. No importa cuán certeras sean las palabras de Dios, cuán
elocuente sea el interlocutor, cuán desafiante o dolorosa sea la experiencia
que está viviendo, cuán evidentemente claro sea el testimonio presentado, porque
inmediatamente surgirá otra pregunta que estancará nuevamente la acción. Y nuevamente
aclaro que no habló de una fe ciega y menos irracional, sino de una improductiva
actitud hacia lo espiritual. Es la actitud de Pilato ante Jesús: “Le
dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey?  Respondió Jesús: Tú dices que
yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar
testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Le dijo
Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez…”
(18.37-38)
.

¿Qué es la verdad?,
es la pregunta que todo hombre sincero desea descubrir. Es la verdad que necesita
mi alma para poder vivir como lo hacía David. Una verdad que nos sostenga en
los momentos más oscuros de nuestra vida. No puede ser “mi verdad”, ni “nuestra
verdad”, ni la “verdad de la mayoría”, o la “verdad moderna”, sino LA VERDAD
(así con mayúsculas). Ésta es absoluta, transparente, experimental, confiable.
Para nosotros los cristianos, la verdad está encarnada en la persona de Jesucristo
y el descubrirlo nos hace libres y verdaderos discípulos de Él. Por sentido
común y por revelación de Dios nos damos cuenta que La Verdad se descubre, se
conoce, se asimila, se practica y finalmente se disfruta. El drama humano es
que las preguntas se repiten una y otra vez en nuestro corazón, pero como Pilato,
no nos tomamos el tiempo para escuchar las respuestas de Jesús y menos para
tratar de ponerlas en práctica. Él nunca dejó de responderle a nadie, aún las
preguntas más extraviadas tuvieron palabras de verdad como respuesta por parte
de Jesús. ¿Estás tomando el tiempo para que tus preguntas sean respondidas por
Dios? ¿estás tomándote el tiempo para arengarte espiritualmente y confiar en
el Señor? La ignorancia es un verdadero drama, pero la obstinación por permanecer
en la duda es una completa desgracia. Quizá Pilato no esperaba una respuesta;
su escepticismo, sus prejuicios y sus temores no lo dejaban ir más allá. Estuvo
a solas con el mismísimo Hijo de Dios, con el maestro por excelencia, llegó
a hacer la pregunta clave que sólo Jesús hubiera podido contestar… pero desestimó
esa posibilidad.

La
arenga espiritual es sinónimo de convicción espiritual manifiesta en la verdad
de Dios: “Está mi alma apegada a ti; tu diestra me ha sostenido”
(Sal. 63.8)
¿Hay reservas de Palabra de Dios en tu memoria y en tus
recuerdos que sirva de combustible para ti en los momentos difíciles? Sólo tú
conoces la respuesta.

José
Mendoza

Agradecemos
al hno. José Mendoza por permitir tan gentilmente la publicación
de este devocional en RiosDeVida.com.

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