Tibieza (Nelly Esther Boubila de García)

Tibieza

Nelly Esther Boubila de García

TIBIEZA

Nelly de García

Entró sigilosamente, casi de puntillas. Nadie la percibió, pero estaba ahí,  en el corazón del joven, del adulto, del niño. De todos, de mi… 
Se desplazaba con suma sutileza, sin hacerse notar.
De pronto, su sinuoso y fino trabajo comenzó a dar resultados: el fuego comenzó a apagarse lentamente, de forma casi imperceptible. Hasta que la voz del Señor resonó como una severa amonestación: “mi iglesia es tibia”.
Conmovida en mi espíritu, comencé a buscar una respuesta, a poner atención a mi propia conducta, a ver que la asistencia a los cultos se había tornado mezquina y fría, porque  me parecían interminables y las predicaciones también. Tomé conciencia que estaba metida en una rutina que me resultaba difícil seguir, en una agenda demasiado apretada,  tediosa y cansadora. Comprobé aterrada que la tibieza se había instalado en mi propio corazón, que me sentía desvastada y sin fuerzas.
-Recuerda de dónde has caído, me dijo el Maestro, retoma el camino y vendré a ti como la lluvia tardía. Como sombra de gran peñasco, te sustentaré y haré correr ríos sobre la tierra seca.
-Oh, Señor, exclamé, mi alma tiene sed del Dios vivo, no puedo vivir sin ti. ¡Anhelo tu Presencia!,  
Con sus palabras cobré ánimo y sacudí la tibieza.
Comprendí su nefasta tarea de desaliento, de descontento, de incomprensión de aquello que yo creía que debía ser y no era. Y volví mi rostro al Señor, mi Señor, emprendiendo el camino de regreso.
Hoy, quiero estar atenta, apercibida…
Señor, te abro las puertas de mi corazón…
Cena conmigo.

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