Discipulado. 17- Matrimonio y divorcio (parte I) (Daniel García)

Discipulado. 17- Matrimonio y divorcio (parte I)

Daniel García

Discipulado. Lección 17

MATRIMONIO – DIVORCIO (Parte I)

Por Daniel García

La enorme importancia del tema. La radicalización de los siervos de Dios que hace que en 20 siglos no tenemos acuerdo, mientras que algunos admiten una libertad extrema en materia de divorcios, otros llegan a sostener que el que se divorcia y se vuelve a casar pierde la salvación. Lo más interesante es que dentro de estos extremos, y dejando de lado a quienes pudieran ser livianos en la consideración del tema, hay en el resto hombres piadosos que nos inspiran confianza por ser hombres temerosos de Dios, pero que no llegan a un acuerdo. ¿A quién hacerle caso?. Ni siquiera se ponen de acuerdo en la interpretación de la aplicación de la excepción de Mat. 19:9 que dice “salvo por causa de fornicación”.

En los tiempos del Señor, Hillel y Schammai, el primero rabino fundador de una escuela judía de interpretación liberal, y Schammai con su escuela de orientación conservadora caracterizada por la severidad en la interpretación de la ley, no fueron convalidadas por el Señor. Es más, siendo que los religiosos estaban bien enterados de las dos escuelas, ni siquiera las menciona ni avala la orientación de ninguna de ellas. Como sucedió entonces, nos atrevemos a decir que tampoco ahora convalida ninguna escuela de interpretación. En cambio, cuando habla con la mujer samaritana en Juan 4:22 toma partido diciendo que la salvación viene de los judíos, pero no toma partido con las escuelas que hemos citado.

No nos oponemos a que los siervos del Señor traten el tema. Es muy beneficioso que lo hagamos en el temor del Señor, pero nunca con ánimo de reglamentar la vida espiritual de los creyentes que es la gran tentación en todos los tiempos, reglamentación que Jesús condenó e identificó como “tradiciones” que invalidaban la palabra de Dios y esto no es la simple opinión de un siervo de Dios, sino lo que dice Jesús en Mat.15:1-9 que es un pasaje muy fuerte. Nada menos que se quiere dejar el difícil camino de la libertad del Espíritu, cambiándolo por algo más cómodo como es el reglamentarismo.

Parecería que algunos hermanos piensan que Jesús se descuidó con el tema y no precisó dar detalles que hoy nos quitan el sueño, pero no es que se descuidó, sino que dijo lo suficiente. Tampoco Dios no omitió nada de lo que tuviera que conocerse en el A.T. Un autor cristiano importante ha dicho que saliendo de la Iglesia Católica e integrado a una iglesia evangélica, se ha sentido “completamente desguarnecido de una normativa que me ayudase a saber a qué atenerme en multitud de problemas de índole moral“.

El mencionado autor propone tener instrucciones sobre un sinnúmero de cosas como la actitud que tendríamos que adoptar en caso de guerra y que fuéramos llamados al frente de batalla, y como éste, muchos otros temas, que tampoco nuestras iglesias se han expedido en detalle. Seguramente que dentro de los tópicos a reglamentar estaría también lo del divorcio.

No dudamos que es beneficioso que los líderes de las iglesias hablen y escriban sobre distintas situaciones, pero de ninguna manera que podamos poner esos consejos en el nivel de las Sagradas Escrituras, porque terminaríamos oscureciéndolas como el Señor les dijo a los religiosos en el pasaje de Mat.15 ya citado. Tampoco nos parece acertado lo que dice otro siervo del Señor amigo nuestro al finalizar un trabajo inédito sobre nuestro tema:”..entendemos que debemos tener, luego de deliberaciones y debates al respecto, un documento hasta cierto punto interpretativo de los textos bíblicos…” ¿Será con el propósito de reglamentar el matrimonio y el divorcio más allá de lo que Jesús dijo?

Si el Señor nos hubiera dejado establecido lo que deberíamos hacer en cada circunstancia, seguramente nos habríamos mantenido duros de corazón, tal como es nuestra naturaleza y como esos religiosos que desgraciadamente abundan en la historia, que aplican automáticamente los “reglamentos” y a multitudes han enviado a la muerte, al destierro o a la excomunión, porque no concordaban con esos reglamentos.

Felizmente, en su Palabra nos ha dejado principios, mandamientos, que solamente pueden ser interpretados por la misma Palabra y por nuestra comunión con el Señor, ambas indispensables para conocer la voluntad de Dios. Claro que la condición para tener comunión con Dios es tener un corazón tierno y humilde, pues al altivo mira de lejos. En un caso una misma cosa será un pecado y en otro caso, no.

David es citado por Jorge Pradas cuando él y su gente comió los panes de la proposición que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino a los sacerdotes y no fue condenado por el Señor, siendo que le hubiera correspondido nada menos que la pena de muerte. Más, el Señor lo pone como una excepción y enseña que hay que admitir esto porque Dios tiene excepciones.

Que pudiera haber algunos o muchos que se aprovechen de esto que dice el Señor para hacer la voluntad de la carne, es un problema de los que asumen esa actitud, pero no invalida el argumento bíblico que estamos exponiendo. Jesús dice que si permanecemos en la Palabra, seremos verdaderamente sus discípulos, y conoceremos la verdad y que la verdad nos hará libres (Juan 8:31-32). Pablo les dice a los gálatas que permanezcan firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres (Gal.5:1), pero claro, que no usemos la libertad como ocasión para la carne (Gal.5:13). Francamente para un corazón duro es más fácil tener la vida reglamentada que andar en el Espíritu y por lo tanto en la libertad del Espíritu, pero a libertad hemos sido llamados y así debemos procurar andar (Gal.5:16).

A todo esto, la Palabra de Dios y el Espíritu Santo, tenemos que agregar un tercer factor entre las seguridades con la que Dios nos protege en la vida espiritual, y que lamentablemente pocas veces vemos en funcionamiento en las iglesias. Esto es el ejercicio efectivo en la iglesia de los cinco ministerios de Efesios cap. 4, o sea apóstoles, evangelistas, profetas, pastores y maestros, que no son figuras decorativas y cuya vigencia es fundamental para protegernos y ayudarnos a que las decisiones hechas en libertad, sean agradables al Señor. Nos remitimos a lo extensamente publicado acerca de estos ministerios

1) La soltería: No es el tema específico de esta lección, pero decimos algo. La tenemos explicada en 1ª. Cor. 7 y es una práctica aconsejada en un importante movimiento evangélico en Inglaterra hoy. Ha sido la práctica de monjes a través de la historia, muchos de los cuales han vivido una vida piadosa. Entendemos que no sería aconsejable presionar para procurar decisiones a favor de la soltería, pero tampoco negar la validez de esta forma de vida ni hacer del matrimonio la panacea, la búsqueda de la felicidad que honestamente sólo Dios puede dar.

Hay un montón de ilusiones que el hombre y la mujer quieren concretar en el matrimonio y que por regla general las van sepultando una a una dolorosamente, cuando han hecho de su felicidad el centro de su vida y dejado de lado el primero y más grande mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mat.22:37). Felicitamos a los solteros y a los solos, y les pedimos aprovechar su soledad para dedicarse al Señor como dice la Palabra (Ver 1ª. Cor. 7:32-35) todo el tiempo que dure esta soledad y aunque durara toda la vida.

2) El Matrimonio: La figura de la unión de Cristo y de su iglesia, suena tan hermoso para nosotros, sin embargo, la iglesia que está unida a Cristo está cargada de defectos e imperfecciones. Será bueno no idealizarlo esto y lleguemos a la conclusión de que nuestra esposa no es apta, pues ella tiene defectos e imperfecciones. Por otra parte, y a diferencia de Cristo, el hombre también. Sin embargo, así como somos nos ama Jesús y se ha propuesto bendecirnos y transformarnos a su semejanza y para eso trabaja día a día en nosotros con santa paciencia y amor. Precisamente es lo que tiene que hacer el esposo por la esposa y viceversa, con gran paciencia y amor.

La unión matrimonial es sagrada, cargada de misterios (de significados espirituales), indisoluble de por vida. Ella se celebra ante las autoridades civiles que sin duda es muy importante, porque manifestamos la voluntad de estar unidos en matrimonio ante el mundo y sus leyes, pero no debiera faltar en ningún caso el matrimonio hecho delante de Dios y la iglesia. Si ha faltado alguno de estos dos aspectos, hacerlo sin demora.

Algunos dicen que no tienen importancia los papeles, pero debemos obedecer a las autoridades civiles y si fuera optativo hacerlo o no, debemos comprometernos ante ellas también. Seguro que ninguno que esté dispuesto a unirse en matrimonio “hasta que la muerte los separe”, dudará en firmar los “papeles”. Ahora quieren ponerse de moda los matrimonios de “hecho”, porque dicen que funciona mejor al no estar atados el uno al otro. Pero esto puede estar bien para los que no son creyentes y por lo tanto no tienen a Cristo, pero no para los cristianos, que no solamente están capacitados para tomar compromisos serios, sino que deben tomar sus compromisos en esta forma.

El matrimonio así celebrado se consuma con la unión sexual de la pareja, que es obligatoria mantener salvo excepciones y por un tiempo prudencial como lo señala Pablo en 1ª. Cor. 7:3 Lo normal es que funcione y si no funcionara, pues hay pastores y/o profesionales que podrán ayudarnos. Solamente la imposibilidad absoluta sería causa justificada, luego de haber recurrido a toda la ayuda que podemos tener también en esta área tan delicada.

3) La Separación: Está prevista en la Palabra. Hay algunas circunstancias que no están necesariamente establecidas por las cual la pareja se hace inviable y uno o ambos deciden separarse. En tales casos, el mandamiento del Señor en 1ª Cor. 7:10-11 es que en caso que uno de los conyuges decida separarse, que se quede sin casar. Recordamos el caso de Juan Wesley que tuvo un matrimonio que llegó a su fin, pero tanto él como su mujer, nunca se volvieron a casar formando otra pareja y su ministerio siguió sin ser afectado.

No obstante que está la posibilidad de la separación en la Palabra, debe considerarse una medida de extrema gravedad, y hecho bajo el temor del Señor, para no lastimar inútilmente a los hijos que siempre son los que pagan las consecuencia más terribles de la separación. No admitimos la separación “porque el amor terminó” o porque “ya no hay ya nada entre nosotros“. Esto es posible en el mundo. En el Señor, él hace nuevas todas las cosas, claro, si nosotros queremos y colaboramos con él. Admitimos que puede haber excepciones, pero que sean honestamente excepciones.

En la lección N° 18 concluiremos tocando el tema de la posibilidad o no del divorcio y del nuevo casamiento, la situación de los que se han convertido con un problema matrimonial o con una o varias rupturas matrimoniales, etc. Confiamos terminar entonces con el tema del título.

TAREAS PARA LA PRÓXIMA CLASE

Nivel 2: Punto (1|) Leer el libro “El Cristianismo Evangélico a Través de los Siglos” de Samuel Vila, Ed.Clie. Es un libro un tanto extenso que hemos dividido en tres partes: La primera desde el comienzo hasta la pág. 140. La segunda (que corresponde a esta lección 17, desde la pág. 141 a la 256. La tercera (que corresponderá a la lección N° 18), desde la pág. 257 con la Reforma en Francia hasta el final. Como tarea, escribir antes de la próxima clase dando en forma resumida tu impresión personal sobre la segunda parte de este libro. Cada trabajo no debe exceder de una página. Punto (2°) Presentarse al examen de la lección N° 17 a realizarse antes de la próxima clase. Nivel 3: La nota debe ser 8-9-10.

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